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Un poema que me nombra

Foto del escritor: Lisbeth Samaniego
Lisbeth Samaniego
9 sept
2 min de lectura

Hay poemas que nacen de una imagen o de un recuerdo. Otros nacen de la necesidad de reunir en palabras todo aquello que somos. Este poema pertenece a esa segunda forma de escritura.

Fue publicado originalmente en Santa Rabia Poetry, revista internacional dedicada a la poesía contemporánea. Su publicación representó para mí la oportunidad de compartir una pieza profundamente personal en un espacio literario que reúne voces de distintos países.

Este poema me describe porque contiene elementos esenciales de mi historia, mi identidad y mi manera de mirar el mundo. No es solamente un texto que escribí: es una forma de presentarme sin recurrir a una biografía.




ENCENDER-ME


Siento el palpitar de la lavanda en mis venas.Como si cada letra sembrada en mi piel

fuera regada por nuevos pétalos,

y mi cuerpo —este territorio—aprendiera a florecer sin permiso.


Y entonces me pregunto.


—¿Y cuando algo te duele,a dónde vas?


Solía ir a mi librería favorita.

A ese espacio donde el silenciono juzga,

donde las palabras no imponenni obedecen,

solo esperan.


Y cuando no,me escribo.


Sí.

Voy a las letras cuando algo me duele,

porque mi cuerpo recuerdalo que el mundo intenta callar.

Voy para comprender

mi dolor,

mi deseo,

mi mente indócil.


—¿Para sanarte?


Quizás.

Pero la sanación no es dócil,

ni rápida,

ni limpia.

La sanación es política.

Es un proceso largo, irregular,

una desobediencia constante

a todo lo que me quiso rota.

Voy y escribo poesía

porque la poesía

no me pide que baje la voz.

Me salva de un corazón roto,

de una desilusión,

de una mentira,

de la injusticia que habitaen los cuerpos que aman demasiado

y en los cuerpos que el poder quiere disciplinar.


—¿Por qué la poesía?


Porque la poesía no miente.

Porque es verdadaunque duela.

Porque la poesía grita

cuando nos enseñaron a susurrar.


Porque es caóticamente hermosa,

como un cuerpo que se reconoce

sin culpa.

Caóticamente fuerte,

como una mujer que nombra su deseo

sin pedir perdón.


Porque es esa fuerza

que me recorre la piel,

que enciende mis letras,

que me lleva a otro estado de vida

donde sentir

no es peligro,

sino resistencia.


—¿Y ahí te quedas?


No.

Ahí respiro.

Ahí me sostengo

cuando el mundo pesa demasiado

sobre mis hombrosy el alma se fragmenta.


Ahí no tengo que explicar

por qué duele,

ni justificar mis silencios,

ni negociar mi placer,

ni mi rabia,

ni mi ternura.


Ahí mi cuerpo habla.

Ahí mi voz se vuelve carne.

Solo escribo.

Y a veces,

eso no solo basta:


eso me salva.

 


Nota de autora: Encender-me nace del cuerpo como primer territorio de resistencia como un acto de presencia, de placer consciente y de memoria encarnada. Nombrar el cuerpo es, en este sentido, una forma de empoderamiento y de libertad.

 
 
 

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