Un poema que me nombra
Hay poemas que nacen de una imagen o de un recuerdo. Otros nacen de la necesidad de reunir en palabras todo aquello que somos. Este poema pertenece a esa segunda forma de escritura.
Fue publicado originalmente en Santa Rabia Poetry, revista internacional dedicada a la poesía contemporánea. Su publicación representó para mí la oportunidad de compartir una pieza profundamente personal en un espacio literario que reúne voces de distintos países.
Este poema me describe porque contiene elementos esenciales de mi historia, mi identidad y mi manera de mirar el mundo. No es solamente un texto que escribí: es una forma de presentarme sin recurrir a una biografía.

ENCENDER-ME
Siento el palpitar de la lavanda en mis venas.Como si cada letra sembrada en mi piel
fuera regada por nuevos pétalos,
y mi cuerpo —este territorio—aprendiera a florecer sin permiso.
Y entonces me pregunto.
—¿Y cuando algo te duele,a dónde vas?
Solía ir a mi librería favorita.
A ese espacio donde el silenciono juzga,
donde las palabras no imponenni obedecen,
solo esperan.
Y cuando no,me escribo.
Sí.
Voy a las letras cuando algo me duele,
porque mi cuerpo recuerdalo que el mundo intenta callar.
Voy para comprender
mi dolor,
mi deseo,
mi mente indócil.
—¿Para sanarte?
Quizás.
Pero la sanación no es dócil,
ni rápida,
ni limpia.
La sanación es política.
Es un proceso largo, irregular,
una desobediencia constante
a todo lo que me quiso rota.
Voy y escribo poesía
porque la poesía
no me pide que baje la voz.
Me salva de un corazón roto,
de una desilusión,
de una mentira,
de la injusticia que habitaen los cuerpos que aman demasiado
y en los cuerpos que el poder quiere disciplinar.
—¿Por qué la poesía?
Porque la poesía no miente.
Porque es verdadaunque duela.
Porque la poesía grita
cuando nos enseñaron a susurrar.
Porque es caóticamente hermosa,
como un cuerpo que se reconoce
sin culpa.
Caóticamente fuerte,
como una mujer que nombra su deseo
sin pedir perdón.
Porque es esa fuerza
que me recorre la piel,
que enciende mis letras,
que me lleva a otro estado de vida
donde sentir
no es peligro,
sino resistencia.
—¿Y ahí te quedas?
No.
Ahí respiro.
Ahí me sostengo
cuando el mundo pesa demasiado
sobre mis hombrosy el alma se fragmenta.
Ahí no tengo que explicar
por qué duele,
ni justificar mis silencios,
ni negociar mi placer,
ni mi rabia,
ni mi ternura.
Ahí mi cuerpo habla.
Ahí mi voz se vuelve carne.
Solo escribo.
Y a veces,
eso no solo basta:
eso me salva.
Nota de autora: Encender-me nace del cuerpo como primer territorio de resistencia como un acto de presencia, de placer consciente y de memoria encarnada. Nombrar el cuerpo es, en este sentido, una forma de empoderamiento y de libertad.



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